El 31 de diciembre de 1989 mis compañeros de trabajo
me homenajearon en el Centro Riojano con una comida
por mi jubilación en I B M, y me regalaron una bandeja
de plata grabada con sus nombres.
Un valioso regalo para mí.
.
En dicho
acto
leí
el poema
Jubilación
que
incluyo
a
continuación.
JUBILACIÓN
Hoy me jubilo, voy en este día
ilusionado y sonriente,
a doblar una esquina trascendente.
Se acabaron las prisas, zozobras e inquietudes
y volveré a ejercer olvidadas virtudes.
Tarde de otoño se marchitan
las plantas del balcón,
un reloj que jamás marcó la hora
se pavonea en el salón.
Atravesando el ventanal
se introduce una luz velada.
Sentaros junto a mí,
os contaré mi vida con voz emocionada.
¿Quién pone a mis palabras un fondo musical?
Se escucha un contrabajo.
Los recuerdos emergen un instante
y se van calle abajo.
Surge entre nubes el colegio.
En la primera fila de pupitres
aquella niña rubia. Ella fue, mi primer amor,
y mi primer fracaso y mi primer dolor.
Llegó ¡El gran descubrimiento!
Gritos, el éxtasis, la nada.
Dos cuerpos enlazados,
en mis brazos desnuda la ocasional amada.
Estudios y trabajos
con algún que otro éxito
y también con fracasos.
Muchas lecturas, muchos viajes.
Como sabéis placeres similares,
para huir de si mismo
en busca de otras vidas y otros lares.
¿Amores…? En verdad muy pocos.
Mas que feliz desengañado
y para consolarme algún poema mal rimado.
Pues eso es la poesía, el amargo consuelo,
el grito desgarrado de un poeta
si no logra el amor de una coqueta.
Y al fin la vida sosegada
con el cariño de mis hijas
y el de vosotros mis amigos.
¡Acompañadme todos en esta hora señalada!
que voy, ilusionado y sonriente,
a doblar una esquina trascendente.
